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COSMOGONÍAS Y COSMOVISIONES

Por: Adolfo Castilla - Presidente de la Asociación Española de Planificación y Dirección Estratégica.

Debemos admitir en definitiva la existencia de una relación entre las grandes ideas, concepciones e interpretaciones sobre nuestra naturaleza, nuestro mundo y lo que los hombres hacemos en él y la realidad que creamos, con particular referencia a la realidad tecnológica. No hay grandes explicaciones sobre dicha relación, entre otras cosas porque nunca será directa y matemática, y porque al fin y al cabo la historia de la humanidad consciente no es tan larga como pudiera parecernos. Como hemos dicho anteriormente la historia del hombre moderno comienza con el Renacimiento lo que significa un periodo de apenas 500 años. Nada en términos de "cosmogonías".

Cosmogonía es una palabra que se refiere, estrictamente hablando, a la formación primigenia de la materia y al origen del mundo, pero que en un sentido más particular es también utilizada para designar a las grandes interpretaciones generales del hombre sobre su mundo y sobre lo que el mismo hombre hace en él. Alternativamente se puede hablar de “cosmovisiones” una palabra más acorde con nuestro propio idioma.

Interpretada en el segundo sentido, se puede decir que en lo relativo al mundo occidental, han existido una serie de grandes "cosmogonías" o “cosmovisiones”.

La “animista” de la antigüedad más lejana, prevaleciente todavía en algunos reductos, llevaba a creer en un devenir del mundo del que el hombre formaba parte y sobre el que tenía muy poco que hacer. La vida y el mundo es el río que nos lleva, y sólo tenemos que acomodarnos y dejarnos llevar.

Como sabemos, esa posición básica de que las cosas no dependen del hombre, especialmente en lo físico, hace que la tecnología evolucione relativamente poco y la actuación sobre el entorno sea mínima en términos diarios y corrientes..

La “divino-mitológica”, en la que hay que situar a grandes épocas y civilizaciones, desde los egipcios, a los griegos, romanos y muchas otras alrededor del mundo, es la segunda cosmogonía utilizada en este trabajo. La vida seguía en esas épocas siendo un devenir, pero los hombres habían imaginado la existencia de un mundo distinto habitado por dioses que tenían pasiones, actuaban unos contra otros y cambiaban y transformaban las cosas ejerciendo su poder y su fuerza. El hombre tomó entonces conciencia de la muerte y la imaginó como un tránsito hacia ese otro mundo, creyendo firmemente en la repetición en el nuestro de lo que los dioses hacían en el suyo, incluyendo guerras, conquistas, esclavitud y dominio.

En lo relativo a ciencia y tecnología se avanzó mucho en navegación, monumentos, obras militares e infraestructuras civiles pero la mayor parte de ellas dependían de la fuerza física del hombre y de algunos mecanismos muy elementales disponibles desde épocas remotas. Eran actividades manuales, repetitivas, aprendidas viendo y haciendo.

La cosmovisión “occidental-cristiana” constituye otra visión del mundo en la que la existencia de un Dios todopoderoso, creador, mantenedor y cuidador del mundo, de los hombres y de las cosas, inunda toda la vida de las personas. El hombre sólo tiene que interpretar la naturaleza y la vida a la luz de lo que Dios ha manifestado y debe avanzar en conocimiento fuertemente apegado a la teología y la religión.

Se avanza enormemente en esa época en humanización y dignificación de todos los seres humanos y muchos admiramos las aportaciones del humanismo cristiano al mundo de nuestros días, pero en términos de ciencia y tecnología las cosas no fueron muy allá. El hombre noble, seguía ocupándose como en la época de Platón el hombre noble y libre, de la filosofía, de la lógica, de la teología y de la religión.

Se construyeron grandes catedrales en honor de Dios pero su diseño, la forma de levantarlas, los materiales, las herramientas y las enormes cantidades de mano de obra empleada no eran objeto de reflexión formal alguna. Todas esas actividades se mantenían todavía en el terreno de la artesanía y de acción manual en los que la labor especulativa de la mente era poco necesaria.

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