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SISTEMA MOR: NEURONAS O ALMA

Padre Pacho - Pereira - latarde.com - Muchos aseguran sin fundamento y mucho menos rigor científico, que la vida humana responde en su totalidad a un esquema bioquímico que explica todos sus procesos. Ello ha llevado a que mucha gente niegue la existencia del alma. Se afirma que la inteligencia humana es un proceso cerebral, como cualquier otro de los que hay en el organismo humano, haciéndose innecesaria una explicación desde la dimensión espiritual.

La inteligencia humana no es una mera función del cerebro, como la que puede hacer la bilis en el hígado, por ejemplo. El hecho de que la inteligencia no actúe sin la colaboración de los sentidos, que tienen su sede en el cerebro, no supone identificar cerebro e inteligencia. Un aparato eléctrico no funciona si no se enchufa, pero el enchufe no es la causa de que funcione, ni de que exista la electricidad. Enchufe y cerebro son condiciones, no causas.

Ningún efecto puede ser ontológicamente mayor que su causa. Si el hombre es capaz de tener pensamientos abstractos, su alma tiene que ser espiritual. Si la mente humana es capaz de producir ideas inmateriales, el alma tiene que ser inmaterial, es decir, espíritu.

Preguntémonos por ejemplo ¿quién pinto la Capilla Sixtina, las neuronas de Miguel Ángel o su  talento prodigioso? ¿Será que simplemente habría que admirar los procesos bioquímicos de su cerebro, y no de su propietario? Y si la conducta criminal de Hitler fue exclusiva e inevitable consecuencia de su química neuronal, ¿no sería él responsable del holocausto de tantos judíos, sino solo sus neuronas? ¿Pueden las neuronas ser justas, o valientes, o peligrosas? Si las neuronas movieran totalmente al hombre, el hombre sería un títere de su cerebro. ¿Son acaso las neuronas quienes originan la voluntad libre y, por consiguiente, se dan órdenes a sí mismas?

En la base de las decisiones libres encontraremos procesos bioquímicos, es cierto, pero la libertad y la inteligencia no parecen ser procesos bioquímicos, como la luz solar que entra en la habitación no es efecto solo de que la ventana esté abierta: tiene que alumbrar el sol. Reducir la vida humana a un proceso bioquímico extraordinariamente complejo supone negar la existencia de la libertad humana. Y cualquier hombre puede comprender que es capaz de escoger, que podría haber obrado de manera distinta a como lo ha hecho, y que, en definitiva, la libertad existe y no es una simple entelequia de la razón.

Lo curioso es que quienes sostienen estas teorías deterministas, que niegan la libertad en pro de todos esos complejos procesos bioquímicos, no se resignarán a no exigir sus derechos, si alguien les hace daño atribuyendo que la persona obró así necesariamente, impelido por un estímulo bioquímico irresistible, llevando a juicio solo sus neuronas  sino que por el contrario pedirán justicia implacable, para el individuo que violentó sus más mínimos derechos.

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