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INSTITUTO DE LOS ANDES

EL SEGUNDO CEREBRO

«El cerebro intestinal desempeña un papel importante en la felicidad y miseria humanas», dice Michael Gershon, autor del libro «El segundo cerebro» y profesor de anatomía y biología celular del Centro Médico Columbia en Nueva York. Sabemos tan poco todavía sobre la conexión de la mente y el cuerpo.

La Neurogastroenterología, ciencia de la medicina que estudia la función digestiva, nos alerta de que una parte importante de los pacientes que acuden a un especialista de digestivo presentan síntomas sin causa detectable, lo que se define como enfermedades funcionales. Nervios, ansiedad, estrés... se manifiestan desde nuestros primeros momentos de vida extrauterina mediante llantos y los llamados cólicos del lactante, o el «me duele la tripa» que dicen los niños cuando están inquietos. Todos hemos vivido la relación entre el miedo y el intestino. Y no escribo la expresión utilizada porque suena fea, pero desde luego no es una metáfora. Ahora nos explican los científicos que el intestino no es una mera cañería, que contiene más de cien mil millones de neuronas, casi tantas como el cerebro mental. «La red nerviosa intestinal está dirigida por un pequeño número de ''neuronas comandantes'' que reciben órdenes básicas del cerebro y las redirigen a los millones de neuronas que se extienden a través de las dos redes nerviosas propias del intestino. La actividad inmunitaria del intestino se puede considerar el mayor órgano del sistema de defensas».

Resumiendo, parece ser que el intestino toma decisiones y utiliza en su funcionamiento circuitos complejos como sólo existen en el cerebro. No se conocen las razones por las que el sistema nervioso entérico se trastorna, pero las emociones pueden desempeñar un papel fundamental. A modo de ejemplo nos cuentan que casi todos los pacientes con síndrome de colon irritable se quejan de problemas mentales y emocionales. Y en el cáncer de colon, cada vez más extendido, los factores ambientales son importantísimos. En fin, que aunque no podamos cambiar todos esos factores externos, sí podemos cuidar nuestro intestino comiendo bien y menos. Que no se disfruta más de la comida atiborrándose. Que debemos utilizar nuestro primer cerebro para ser delicados con el segundo. Por: Paloma Pedrero.

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