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EL PRIMER TREN

UNA OBRA FUNDAMENTAL

Hace 100 años llegó el primer tren a Huancayo

Por David Hidalgo Vega

La modernidad llegó en siete coches, a las tres de la tarde, a una ciudad ansiosa por sacudirse el polvo del atraso. A inicios de semana, las autoridades de Huancayo adelantaron el programa para lo que un ingeniero de la época llamaría "el acontecimiento más trascendental de su historia". Para la víspera se había planeado una vigilia con iluminación general de la ciudad y fuegos artificiales. El día de la inauguración, 24 de setiembre de 1908, una comisión especial iría en busca de las autoridades para convocarlas a reunión en la oficina del concejo. De allí partirían todos los invitados hacia la flamante estación ferroviaria. Entonces el alcalde declararía inaugurado el nuevo transporte y de inmediato ofrecería al representante del gobierno un obsequio especial para el presidente de la República. Esa misma tarde habría un desfile y un festival. Al día siguiente el pueblo asistiría a un Te Deum. La celebración, armada con el fervor de las fiestas patronales, culminaría con dos días seguidos de corridas de toros. "Hay gran entusiasmo para la inauguración de esta obra", escribió el corresponsal de El Comercio en la zona. El ruido de la locomotora proclamaba nuevos tiempos.

A esa hora --las tres--, la máquina ingresó al panorama de la ciudad. Llevaba el número 34 como emblema. Era un tren a vapor, construido por la firma estadounidense Rogers. En sus flancos podía leerse la palabra Yauli, el nombre con el que había sido bautizado. "Iba conducido por un señor de apellido Beltrán", señala el historiador ferroviario Elio Galessio, a cuya paciente labor de investigación se debe el rescate no solo de ese detalle, sino de la fotografía de aquella máquina histórica. "Curiosamente era de la misma marca y clase que la primera máquina traída por Henry Meiggs para el tramo inicial este ferrocarril, que se llamaba La Oroya", precisa. Eran casi iguales, pero entre la llegada de ambas mediaba un plazo de 38 años.

El acontecimiento atrajo a curiosos y admiradores de distintos pueblos. "El entusiasmo es indescriptible. El prefecto del departamento, delegado del gobierno en esta fiesta, ha sido recibido con grandes manifestaciones", escribió el cronista de este Diario. El trayecto no había estado exento de sombras: tres kilómetros antes el convoy ferroviario se había detenido a cargar la máquina con agua y algunos pasajeros, que habían bajado para despejarse, sufrieron la aparatosa caída de un puente improvisado. Hubo tres o cuatro muertos. La noticia alarmó inicialmente a la ciudad, pero fue engullida por la expectativa.

El plan oficial se cumplió como estaba previsto. Tras la inauguración, las autoridades participaron de un desfile. Luego vinieron los discursos. El vicario general saludó el designio de la Providencia: "Las dulces esperanzas de ayer se han convertido en una halagadora realidad con la inauguración de la línea férrea que, poniendo en rápida comunicación a la capital con esta importante y laboriosa ciudad, ha puesto un vehículo seguro para el progreso de los departamentos del interior de la república".

El prefecto de Junín fue incluso más solemne: "La predicción del gran Jorge Stephenson se ha cumplido: los caminos de hierro reemplazan, hasta hoy, ventajosamente a los demás medios de transporte".

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